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Sin Límite…

Alberto González Martínez

* Nueva desesperación periodística.

El Orbe, el periódico que en Tapachula nació y creció al amparo de los Partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional y Verde Oportunista, vive hoy la misma crisis de credibilidad que padecen sus principales patrocinadores.

En su edición del pasado viernes, 15 de junio, su nota principal, la de ocho columnas es en verdad infamante: “Exigen investigar al Delegado de Hacienda en Tapachula por probable desvío de recursos del Programa Amanecer”, cabecea ese diario.

Cualquier inocente lector pudiera pensar que a la dirección de El Orbe lo mueve el genuino interés periodístico de denunciar un presunto desvío del dinero público que está destinado a nuestros viejitos, a los adultos mayores inscritos en el Programa Amanecer.

Lamentablemente, no es así.

La nota de marras no tiene la más mínima intención de ponerse del lado de los supuestos agraviados. Y menos fue redactada y pensada con apego a los mandamientos más elementales de la Ética Periodística.

La nota en mención fue, por decirlo en los términos más corteses posibles, un ataque artero a Luis Eduardo Guízar Cárdenas, un hombre cuyo más grave pecado es realizar su trabajo con dedicación y entusiasmo. Nunca antes la Delegación de Hacienda del Estado en Tapachula había tenido al frente a una persona tan comprometida con su trabajo.

Y eso no lo digo yo. Lo dice la gente, que a diario llega a la citada Delegación de Hacienda a realizar trámites de todo tipo. No hay día en que Luis Eduardo no esté pendiente de los contribuyentes.

Y ya no se diga de los adultos mayores, de los abuelitos que llegan a recibir el dinerito que les entrega el Instituto Amanecer como una contribución a todo lo que trabajaron en sus años mejores.

Porque me consta, debo decirlo: cada que entregan esa ayuda a los abuelitos, Luis Eduardo Guízar Cárdenas está al frente de esa actividad. Y no se mueve del lugar hasta que el último beneficiario se ha ido. De ese tamaño es su vocación de servicio, que no la anda gritando a los cuatro vientos, como muchos otros engañifas que solo simulan estar del lado de los pobres cuando, en realidad, es todo lo contrario.

Y como no se trata de hablar por hablar, ni de escribir por escribir, sino de recurrir a argumentos sólidos, irrefutables, El Orbe puede solicitar a la propia Secretaría de Hacienda del gobierno del estado la información estadística para enterarse que –en lo que va del sexenio de Manuel Velasco Coello– la contribución se ha incrementado de manera notable.

Ese aumento significativo en la recaudación no es obra de la casualidad, ni responde a la súbita decisión de los contribuyentes a darle más dinero a Hacienda por el puro placer de hacerlo. No. El incremento en los ingresos de la Delegación de Hacienda en Tapachula se debe a que Luis Eduardo le ha echado muchas ganas a su chamba.
Desafortunadamente, la calumniosa publicación de El Orbe no denota interés por los abuelitos, siempre merecedores de todo nuestro respeto. Lo único que refleja es la decisión visceral del director de ese periódico de apoyar a su hijo para pavimentarle el camino que pudiera conducirlo a la Presidencia Municipal de Tapachula.

Justamente hoy se celebra el “Día del Padre” en todo el territorio nacional. Es cierto que un padre es capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos, pero lo que ha hecho Enrique Zamora Cruz por su vástago es una verdadera infamia.

Lo que exhibe la edición de El Orbe, del pasado 15 de junio, es un monumental botón de muestra de la guerra sucia que en su desesperación encabeza el papá del candidato verde, mucho más obsesionado que su hijo en llegar a la oficina principal de la caja de cristal. Por las razones que ya usted imaginará.

Como no hay forma de contener el avance, la penetración de Óscar Gurría Penagos en el ánimo del electorado tapachulteco, lo más inteligente que se le ocurrió fue arremeter contra Luis Eduardo Guízar, mediante la temeraria insinuación –sin fundamento alguno– de que pudiera estar utilizando los recursos del Programa Amanecer para financiar la campaña de Gurría.

La nota es de pésima manufactura. Por eso nadie se arriesgó a responsabilizarse de su autoría. Como en los peores tiempos del periodismo aldeano, recurrieron al anonimato mediante una ficticia “Mesa de Redacción” que solo existe en sus mentes perversas.

Con toda claridad se puede observar que la malsana intención es destruir la reputación de Luis Eduardo Guízar, su buena imagen pública.

Los francotiradores periodísticos saben, además, que al atizarle este injurioso golpe a Guízar Cárdenas están matando varios pájaros con la misma piedra: ponen en tela de duda la honradez de Luis Eduardo, deslizan la especie de que la campaña de Óscar Gurría pudiera estar siendo patrocinada por el propio gobierno del estado y si Enrique Zamora Morlet pierde, el único culpable será Manuel Velasco Coello por permitir que la paga del Amanecer se desvíe en su contra.

Por suerte, para hacerle daño a Luis Eduardo Guízar Cárdenas se requiere algo más que una publicación periodística que burdamente falta a la verdad.

Aquí en Tapachula, somos miles los que conocemos a Luis Eduardo. Y bien sabemos que no se atrevería a usar el dinero de los abuelitos para estar financiando campañas de ningún partido. Porque su mamá, que seguramente descansa en paz, fue una profesora que le inculcó valores morales; fue una mujer trabajadora que mucho se esforzó en hacerlo un hombre de bien.

Los que lo conocemos sabemos que tiene más amigos que dinero. Porque desde que vino a Tapachula se puso a trabajar. En todo el pueblo, es el que más sabe de periodismo impreso. Porque me consta, así lo escribo en esta ocasión.

Empezó desde abajo en el Diario del Sur. Lo mismo descargaba las bobinas de papel de los camiones que armaba o desarmaba las prensas planas y rotativas. Se llevaba de piquetes de panza con los voceadores, con los reporteros, con todos.

Por ser como es, encolerizó al dueño del periódico que presume pertenecer a “una nueva generación periodística chiapaneca”. Al no soportar que Luis Eduardo sea amigo de Óscar Gurría le soltó un misil infamante.

  1. “Una nueva desesperación periodística” será el eslogan de ahora en adelante.

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